Reseña literaria: La Falange española en Puerto Rico

domingo, 11 de agosto de 2019 - 0:00 AM
Por Carmen Dolores Hernández

Nuestra crítica Carmen Dolores Hernández comenta sobre el libro que ofrece un perfil exhaustivo de la colonia española que permaneció en Puerto Rico tras el 98

La Guerra Civil española (1936-39) se luchó en muchos frentes. El enfrentamiento militar entre las fuerzas sublevadas del general Francisco Franco y las del gobierno republicano se llevó a cabo en España. Los alineamientos, sin embargo, rebasaron los límites peninsulares, con los países fascistas de Europa -Italia y Alemania- del lado de los “nacionales” de Franco y las democracias (Inglaterra y Francia) defendiendo, en teoría, a la República. Algunos grupos ideológicamente comprometidos se involucraron activamente en el conflicto.

En Puerto Rico, donde aún estaba fresco el recuerdo del dominio español, se formaron (como en toda América Hispana) bandos. Fue singular, en nuestro caso, el apoyo a Franco y sus reclamos totalitarios siendo como éramos una posesión de los Estados Unidos, próximo a enfrentarse con el fascismo europeo, particularmente con el Nazismo alemán.

Aquí hubo actos de adhesión a Franco; marchas con el brazo en alto (el saludo fascista); se recaudaron fondos para su causa y -según denunció el cónsul de la República en la Isla- se enviaron armas a los sublevados. Incluso la Iglesia Católica – la más alta jerarquía y muchas congregaciones y colegios religiosos- respaldó a Franco y su “cruzada”. Se celebraron actos religiosos para pedir por su victoria, exequias funerarias por el general Mola y Misas solemnes para celebrar el triunfo nacional en las catedrales de San Juan y Ponce y también en Mayagüez.

¿Cómo explicar esta anomalía? En un primer capítulo (demasiado extenso y frondoso dado el tema del libro), el autor ofrece un perfil exhaustivo de la colonia española que permaneció en Puerto Rico tras el 98, poco menos de 4,000 individuos a la altura de los años treinta. Muchos de sus miembros eran socioeconómicamente prominentes y habían establecido instituciones prestigiosas como el Casino Español y la Casa de España. Ese núcleo influyente de la sociedad puertorriqueña seguía estrechamente vinculado a la “madre patria” por lazos familiares, sociales e incluso comerciales. Conservadores en su mayoría, muchos apoyaron al bando nacional, adhiriéndose a la Falange y organizándola en jefaturas locales por la Isla.

Un movimiento complicado, la Falange Española y de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) fue fundada en 1934 por José Antonio Primo de Rivera con Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma. Su proyección en el exterior (FEX) data de 1936. En 1937, Franco la convirtió en la Falange Española Tradicionalista y de las JONS. La sección de Puerto Rico fue la FET-PR. La organización aglutinó el apoyo a la causa franquista.

La FET-PR tuvo una organización eficaz durante la guerra. Personalidades prominentes como Arturo Somohano, Ángel Abarca, Eladio Rodríguez Otero, Secundino Lozana, Miguel Such, Federico Tilén y otros fueron afiliados o simpatizantes. Dionisio Trigo se erigió en representante de Franco. El gobernador Blanton Winship era simpatizante de la causa franquista. Romualdo Real, falangista y dueño El Mundo, publicaba los partes de guerra y los mensajes de Franco. FET-PR tuvo incluso sus propios medios de difusión: dos revistas, “Avance”, de frecuencia quincenal, y “Cara al sol”, y un espacio radial dos veces por semana. Hubo grupos falangistas importantes en Ponce, Mayagüez y Caguas. En 1938, según informó El Mundo, la organización fue inscrita en el Registro de Organizaciones Exteriores de Puerto Rico. Tras el fin de la Guerra Civil y el inicio de la II Guerra Mundial, sin embargo, FET-PR se debilitó, disolviéndose en 1941.

Este libro -que intenta desmentir el de Allan Chase, “Falange. El ejército secreto del Eje en América” (1943) -sería una contribución importante al estudio de un aspecto desconocido de nuestra historia si se hubiera estructurado mejor. Más que una historia, parece un récord de eventos, nombres y datos de todo tipo en profusión excesiva. Es difícil navegar por ese mar de información no bien organizada y a menudo repetitiva. La falta de un índice obstaculiza aún más la navegación. De todas maneras, provee información valiosa para quien tenga la paciencia de leerlo.