Desigual la rentabilidad de la industria fílmica en la Isla

domingo, 25 de marzo de 2018 - 0:00 AM
Por Rut N. Tellado Domenech

Las filmaciones de producciones puertorriqueñas y del exterior generan un impacto económico multimillonario, impulsadas por créditos contributivos que pueden sufrir cambios este año como parte del nuevo Código de Incentivos

Desde las adoquinadas calles del Viejo San Juan y las costas de Loíza, hasta el singular radiotelescopio de Arecibo, han sido escenario de filmaciones de series y películas locales y del exterior.

Más allá de una actividad que atrae estrellas del séptimo arte como John Travolta y Jodie Foster, se trata de una industria que en los últimos años ha exhibido señales de crecimiento en medio de un panorama marcado por la quiebra del gobierno, los huracanes y la cercana fecha de expiración de los créditos contributivos de los que se benefician las producciones fílmicas.

De acuerdo con un estudio culminado en febrero pasado por la firma Estudios Técnicos, durante los años 2016 y 2017 se llevaron a cabo en Puerto Rico un total de 48 producciones (lo que incluye películas, cortometrajes y series para televisión y para servicios de “streaming”), que generaron una nómina directa de $96.4 millones, tuvieron un presupuesto combinado de $146 millones para gastos en la isla y generaron actividad económica ascendente a $252.9 millones. Las producciones tuvieron una duración promedio de casi tres meses de rodaje.

“Deben ser pocas las industrias que en tan poco tiempo en el año hagan una inversión tan rápida”, resaltó la productora Frances Lausell, fundadora de Do More Productions, quien estimó que en los últimos cinco años se ha duplicado la inversión que hace el cine a la economía local.

“Las que más impactan ese crecimiento son las producciones de fuera porque tienen presupuestos mayores”, observó Lausell. También planteó que se ha observado un incremento en la cantidad de días de filmación, impulsado en gran medida por rodajes de series.

“Las películas independientes, donde incluyo a las puertorriqueñas, normalmente son de 20 a 25 días de filmación si te da el dinero, y hay series que son de hasta 70 y pico de días”, dijo la productora. “Eso significa que hay un término de tres meses en el año en que vas a tener un fuetazo de inversión”.

Un ejemplo reciente es  "StarUp" de Crackle, el servicio “streaming” de Sony, que en 2016 y 2017 rodó en la isla su primera y segunda temporada, respectivamente. En cada ocasión, la filmación se prolongó por 75 días, según fue reseñado por El Nuevo Día. Otro ejemplo es la serie “Crossbones”, de NBC, cuyo periodo de rodaje fue de cinco meses en 2014.

La inversión que realizan estas producciones en la isla tiene un efecto multiplicador en la economía, coincidieron varios conocedores de la industria abordados por este medio, al señalar que conllevan la contratación de personal local y el consumo de bienes y servicios en negocios establecidos en el país. Desde agencias de viajes, hoteles y alquileres de vehículos hasta supermercados, ferreterías y compañías de “catering” sirven al sector.

De hecho, según el trabajo de Estudios Técnicos, las 48 producciones realizadas en Puerto Rico en 2016 y 2017 generaron unos 9,700 empleos (directos, indirectos e inducidos), $21 millones en recaudos por concepto del impuesto sobre ventas y uso (IVU) y $13.2 millones en contribuciones sobre ingresos.

Los incentivos

Por su parte, el secretario del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC), Manuel Laboy, estimó que desde enero de 2017 hasta junio de 2018, la industria del cine le debe generar unos $225 millones a la economía local y 12,000 empleos.

“Esto ha sido producto del esfuerzo de promover la industria a través de este mecanismo de los créditos contributivos”, sostuvo el funcionario, en alusión a lo dispuesto en la Ley de Incentivos Económicos para la Industria Fílmica de Puerto Rico.

La también llamada Ley 27 de 2011, ofrece un crédito contributivo del 40% de los costos de producción pagados a individuos y compañías residentes de Puerto Rico por los servicios brindados en la isla, así como un 20% de los costos de producción pagados a actores y dobles no residentes en el país. Para cualificar, se requiere a cada producción un gasto mínimo en la isla de $100,000, excepto a los cortometrajes, cuyo gasto puede ser de $50,000 o más.

Además de las películas, cortometrajes y series, otras producciones que pueden acogerse a estos créditos son: vídeos musicales, videojuegos, documentales, comerciales y grabaciones de bandas sonoras originales o doblajes.

Una enmienda posterior a la ley introdujo créditos adicionales si, por ejemplo, el director, el cinematógrafo, el guionista o el editor de la producción son residentes de Puerto Rico. Al sumarse, estos créditos pueden ascender a 50% y combinarse con el de 40% para llegar a 90%. La concesión de los créditos está sujeta a un límite de $50 millones por año fiscal.

Los créditos se conceden mediante decretos por el secretario del DDEC. Ni Laboy ni Pedro Rúa, director del Programa de Desarrollo de la Industria Cinematográfica, pudieron precisar cuántos decretos de créditos contributivos a producciones audiovisuales se han aprobado desde enero de 2017 hasta el presente.

El abogado Antonio Sifre, quien lleva desde los años 1990 trabajando con la industria del cine como consultor y representante legal de proyectos locales y del exterior, indicó que muchas jurisdicciones dentro y fuera de Estados Unidos utilizan incentivos y créditos contributivos para atraer producción audiovisual.

A modo de ejemplo, mencionó a Nueva York y a Luisiana, que ofrecen créditos de 40%, y Georgia, que ofrece 30%. Otras naciones, como Colombia, tienen disponible reembolsos de hasta 40% de los servicios provistos por individuos o entidades residentes en el país, según datos de la empresa EP Financial Solutions, que brinda asesoría en el tema a producciones audiovisuales. Canadá tiene un crédito de 16% a nivel nacional que puede combinarse con los incentivos que ofrecen las provincias para, en algunos casos, superar el 50%.

“A los grandes estudios, el incentivo les abarata el costo total del proyecto.Para las producciones independientes y las locales, el incentivo es una forma de completar su presupuesto. Lo ven como un dinero que tendrán disponible cuando se termine de hacer la película. Así pueden buscar financiamiento (antes de iniciar el proyecto) y pagarlo con ese dinero”, explicó Sifre.

El licenciado argumentó que los incentivos, al ayudar a atraer filmaciones, también son beneficiosos para la isla y otros destinos. “La industria se mueve bien rápido; tan pronto empieza una filmación, pueden gastar cientos de miles de dólares diarios en varios meses, lo que constituye un impacto directo sustancial y rápido en la economía”, esbozó Sifre. “Se crean eslabonamientos en otras áreas de la economía porque un proyecto audiovisual grande requiere de muchos tipos de servicios, desde luces, equipos, generadores, transportación, seguridad, gasolina, hotel y comida hasta firmas de contabilidad, abogados y bancos”.

Según el trabajo de Estudios Técnicos, que fue comisionado por un conjunto de productores y compañías locales de la industria fílmica, las 48 producciones realizadas durante los dos años estudiados gastaron $49.6 millones en bienes y servicios brindados por proveedores locales, incluyendo a negocios pequeños y medianos.

Varios de los entrevistados coincidieron en señalar que los créditos contributivos ayudan a Puerto Rico a competir con otras jurisdicciones en la carrera por atraer filmaciones. Para el productor Luillo Ruiz, fundador de Pimienta Film Co., con los incentivos Puerto Rico puede compensar ante los estudios estadounidenses su condición de isla, que dificulta y encarece la transportación de personal y equipo desde otros estados continentales. Agregó que también abonan a lidiar con el desconocimiento que hay en Hollywood sobre Borinquen y lo que tiene para ofrecer.

“Hace ya 12 años que yo vendo a Puerto Rico como un destino fílmico y mi primera arma es el crédito contributivo”, contó Ruiz en referencia a la práctica de productores locales de coproducir en conjunto con estudios de Estados Unidos y otros países.

Sus otras dos armas son la diversidad de escenarios que ofrece la isla –zonas urbanas, playas, bosques tropicales, montañas, acantilados, cuevas, ríos y lagos– y la calidad de profesionales y técnicos.

“Muchos fueron entrenados en comerciales, que es la forma fílmica más concisa; saben cómo bregar con las condiciones naturales que Puerto Rico tiene y no se rinden”, enumeró Ruiz. Relató que dos semanas después del paso del huracán María en septiembre pasado, cuando el país permanecía a oscuras debido al colapso del sistema eléctrico, se retomó la filmación de “Driven”, protagonizada por el actor Jason Sudeikis y que está basada en la historia del empresario John DeLorean.

“Los grandes estudios vienen a Puerto Rico por los incentivos y regresan por la calidad de nuestros técnicos y profesionales”, acotó Lausell. “Los créditos contributivos han sido el alimento para el crecimiento de la industria”.

La fecha límite

Sin embargo, el otorgamiento de nuevos créditos está en pausa, pues ya el gobierno llegó al límite de $50 millones que puede otorgar este año fiscal, que culmina el próximo 30 de junio. En esa misma fecha también termina la vigencia de la Ley 27 de 2011 y, al cierre de esta edición, en el Sistema de Información de Trámite Legislativo no se encontró ningún proyecto de ley dirigido a extenderla. Sí hay en el sistema tres medidas dirigidas a enmendar el estatuto para añadir exenciones o eliminar requisitos.

El secretario del DDEC adelantó que los créditos a la industria fílmica serán parte del Código de Incentivos que espera someter en la presente Sesión Legislativa. De hecho, el gobernador Ricardo Rosselló dio el pasado miércoles algunos detalles de esa iniciativa, en la misma actividad en la que anunció cambios a la Reforma Laboral aprobada el año pasado.

Según Laboy, el Código de Incentivos introducirá una metodología para evaluar el impacto, el beneficio y el retorno de inversión de todos los incentivos que el gobierno otorga a distintas industrias. De acuerdo con Rosselló, el gobierno invierte $600 millones anuales en incentivos y la implementación del nuevo código representará un ahorro estimado de $300 millones.

Aunque declinó adelantar detalles acerca de qué cambios sufrirán los créditos a producciones audiovisuales al ser incluidos en el Código de Incentivos, Laboy dijo que cuando comience el proceso de elaboración del presupuesto del próximo año fiscal “se va a poder hablar de números específicos por cada sector, incluyendo cine”.

De acuerdo con un análisis de costoeficiencia que hizo el DDEC con los incentivos evaluados, se informó que para los créditos contributivos para el séptimo arte -que empiezan en 40% y en ciertos proyectos puede ascender a 90%-, el retorno de inversión para el gobierno es de -57% en el caso de producciones acogidas al 70%.

El trabajo de Estudios Técnicos, en cambio, arrojó que en un periodo de dos años el gobierno otorgó créditos contributivos al sector ascendentes a $107.7 millones, iniciativa que rindió beneficios fiscales que totalizan $52.4 millones, por lo que el retorno de inversión para el Estado fue de 49%, o 49 centavos de cada dólar. Añadió el análisis que según estudios similares en Estados Unidos, los estados recobran cerca de 30 centavos de cada dólar invertido en incentivos para el sector.

El análisis agrega que los proyectos que recibieron créditos del 40% de sus presupuestos pagaron en impuestos 80 centavos por cada dólar. En el caso de las producciones que recibieron créditos de entre 41% y 75%, el gobierno recuperó 46 centavos por cada dólar, mientras que recobró 39 centavos de cada dólar invertido en producciones con créditos de 76% o más. O sea, que mientras más alto es el crédito, menos recupera el Estado.

De hecho, Rúa admitió que los créditos que permiten llegar al 90% tenían la intención de que se hicieran más producciones. Pero como el tope de créditos siguió siendo el mismo ($50 millones por año fiscal), el resultado fue que menos proyectos acapararon el dinero disponible. “Ese 90% promueve un acaparamiento de créditos”, dijo el funcionario.

Por eso, el gobierno dejó de aprobar esos créditos adicionales, aun cuando las producciones cualificaran para estos. 

“(El 90%) se acabó porque era demasiado agresivo y entiendo que se demostró que no retornaba al fisco y a la economía como lo hace el crédito de 40%”, indicó el contador público autorizado Hiram Vázquez, quien brinda a proyectos fílmicos los servicios de auditoría que requiere la Ley 27 de 2011 para acceder a los incentivos.

Ante la posibilidad de que el gobierno implemente cambios a los incentivos, Vázquez auguró que “si se baja del 40%, Puerto Rico se convertirá en un destino más porque hay muchos estados y países que ofrecen el 30%”. “Para tener una industria cinematográfica sólida hay que invertir”, apuntó.

Por su parte, Sifre sostuvo que, en una industria como la del cine, el análisis no se debe de limitar al retorno de inversión fiscal. Según Estudios Técnicos, durante los dos años analizados el sector generó una actividad económica de $252.9 millones.

Aparte de eso, Sifre resaltó la importancia de efectos intangibles de hacer cine en la isla. “En una película, aunque el ‘setting’ sea otro país, la gente de la industria sabe que se filmó en Puerto Rico, lo que genera promoción y cobertura mediática cuando actores conocidos están aquí. Puerto Rico se da a conocer”, sostuvo.

Así se corre la voz y continúan llegando grandes producciones de Estados Unidos y otros países, lo que abona a que luego profesionales de la industria en Puerto Rico cuenten con solidez financiera para realizar proyectos locales, coincidieron Ruiz y Lausell.

Sin embargo, el hecho de que el gobierno no puede otorgar más créditos en lo que queda del año fiscal, así como el desconocimiento acerca de cómo cambiará el panorama con el Código de Incentivos y el nuevo presupuesto, tiene en incertidumbre al sector.

“Hay gente interesada en venir a filmar a Puerto Rico, pero tenemos que brindarles confianza”, dijo Lausell, quien agregó que es difícil para los estudios tomar decisiones de dónde filmar, sin saber a ciencia cierta de qué incentivos podrán beneficiarse.

La productora confía en la fortaleza del sector, que ha logrado crecer en medio de una crisis económica y fiscal y a pesar del impacto de dos huracanes seguidos.