Memorias y reflexiones a 100 años del terremoto que estremeció a la isla

jueves, 11 de octubre de 2018 - 10:10 AM
Por Heidee Rolón Cintrón

A un siglo del sismo del 1918, conocido como San Fermín, recordamos el trágico suceso y abordamos si la isla pudiera enfrentar otro temblor de gran magnitud

Ver video: Así fue el mortal terremoto que estremeció a Puerto Rico hace 100 años

Mayagüez - 10:14 con 37 segundos. El crujir de la tierra irrumpió a media mañana. Un sombrío encuentro con la crisis y el desespero opacó el sol que brillaba esplendoroso aquel 11 de octubre de 1918. El encontronazo entre las grietas de la tierra y la posterior visita de un maremoto arrancó la vida de 116 personas e hirió a muchos más.

A las ruinas de aquel terremoto, que afectó principalmente a Mayagüez y otros municipios costeros del noroeste de Puerto Rico, le sobreviven las memorias compartidas a través del tiempo, cargadas de temor ante la posibilidad de un evento similar.

“Fue terrible, 7.3, pero no solo fue por la magnitud, sino que duró hasta casi un minuto. Fue un caos tremendo. Mayagüez fue la ciudad que más sufrió por las muchas estructuras antiguas que había y la proximidad al mar. De los 118 muertos que yo he podido contabilizar (dos más que la cifra oficial), 46 fueron en Mayagüez”, narró el doctor Fernando Bayrón Toro, historiador y excatedrático del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM).

Un informe del 1919 de Harry Fielding Reid y Stephen Taber, miembros de la Comisión Encargada de la Investigación sobre Terremotos recopila testimonios de las huellas tras las mortales oscilaciones. “Columnas de mampostería que sostenían arcos entre la nave y las alas fueron aplastadas como si hubieran estado sujetas a una fuerte compresión vertical… Columnas de madera que sostenían el techo de un balcón brincaban hacia arriba y hacia abajo”, reza.

Parado frente a lo que fue para aquel entonces la fábrica de cigarros La Habanera, donde murieron diez personas y quedaron atrapadas más de un centenar en el sótano, Bayrón Toro describió la escena dantesca que se desplegó entonces.

Gritos, escombros, muertos, heridos y compueblanos ansiando ayudar, producto del primer temblor y las subsiguientes réplicas. Luego, unas palabras de alerta: “¡el mar viene, viene el mar!”, vociferaban mientras corrían cuesta arriba hasta el cerro Las Mesas. Olas de 5, 12 y 20 pies alcanzaron las costas de Mayagüez y Aguadilla, respectivamente.

Entre las tragedias, contó el historiador, una escuelita en la calle Méndez Vigo colapsó justo cuando una maestra intentaba salvar a dos pequeños. Entre las ruinas perecieron cinco niños, la maestra y la conserje del centro.

“Los golpes sufridos fueron tan grandes que, eventualmente, muchos quizás murieron años, meses después a consecuencia del sismo. Parte de la gravedad es que la tierra siguió temblando como por un año, y entonces se caían escombros que no se habían caído con el terremoto original”, consideró el experto.

Dos fuertes réplicas ese mismo año avivaron la angustia: una el 24 de octubre a las 11:43 de la noche y otra el 12 de noviembre a las 5:45 de la tarde. Otros temblores, por más insignificantes, tenían el poder de acelerar palpitaciones y robar la calma.

“Se reunieron las autoridades y determinaron por los valores de aquella época, que los daños de Mayagüez eran de $1 millón y el municipio tenía $327 disponibles para enfrentarse al terremoto”, relató Bayrón Toro, quien opinó que el terremoto fue más terrible para Mayagüez que el huracán María.

Tal como ocurrió luego del ciclón del 20 de septiembre de 2017, lo que aconteció en los días posteriores al remezón de tierra provocó una movilización de país. La solidaridad se hizo sentir en el pueblo, llegaron policías, ingenieros, personal de la Cruz Roja Americana y gente de Nueva York, según el historiador.

Una gran cosecha de café también brindó cierto sentido de recuperación. “Poco a poco Mayagüez se fue levantando. Tardó como cinco años en ponerse en condiciones parecidas a las que estaba antes”, resaltó.

Alfredo Morales, presidente de la Sociedad Protectora del Patrimonio Mayagüezano -entidad sin fines de lucro para rescatar la memoria histórica y el patrimonio del municipio- dijo que creció consciente de la Sultana del Oeste que no llegó a conocer y de la posibilidad de un nuevo maremoto.

“Mis abuelos que vivían en el campo me hablaron de cómo se había abierto la tierra, de lo terrible que había sido el sonido y lo destruida que había quedado la ciudad. Como yo crecí en esta zona y estudié (cerca del barrio) La Playa, cada vez que había un remezón nacían otra vez las historias en casa”, contó.

Según el también profesor de Estudios Hispánicos del RUM, su familia afirmaba que era mejor vivir un huracán a un terremoto. Las historias que escuchó cuando niño forjaron en él, más allá de miedo, una actitud de precaución y alerta.

“Te confieso que no me da pánico, pero lo mínimo que sea, yo tengo temor de que todo se destruya”, señaló.

Con motivo del centenario, la Sociedad publicará próximamente “Memorias”, un compendio de historias y 500 fotos por narradores mayagüezanos.

Y hoy, ¿estamos preparados?

Para el profesor José A. Martínez Cruzado, director del Programa de Movimiento Fuerte de Puerto Rico (PMFPR), la isla todavía no está preparada para resistir o recibir un terremoto de la magnitud del terremoto que hubo en el 1918.

“La situación es totalmente diferente, estamos mucho mejor que en aquel entonces, pero todavía nos falta muchísimo”, sostuvo el experto en estructuras sismorresistentes. Aunque aceptó una mejoría en las edificaciones, dijo que hay nuevos hallazgos de fallas activas no considerados en el Código de Construcción.

A través de un estudio en el 2012 encomendado por la Autoridad de Energía Eléctrica al Buró de Reclamación de Estados Unidos, se localizó una falla en la zona de Salinas y encontraron que en los últimos 10 mil años ha habido dos terremotos significativos, por lo que geofísicos concluyen que se trata de una falla activa.

“Para poder incorporar esa falla a los códigos de edificación hace falta caracterizarla por todo lo largo de la misma. Se entiende que esta falla arranca por la zona de Guayama y Salinas y se extiende diagonalmente hasta Aguada, Aguadilla y la zona de Mayagüez. Se esperaría que pudiera generar un terremoto de gran magnitud y está en el patio de nuestras casas y no está siendo considerada en los códigos de edificación”, comentó.

“Hoy día, no hay un solo edificio en Puerto Rico que considere un terremoto magnitud 7 o 7.5 en el centro de la isla porque se entendía que esa falla estaba inactiva”, agregó.

Mientras, al sur del Puerto Rico, se encontró en el 2000 una falla que se mueve de forma horizontal -condición para sismos de poca profundidad- que entra por la bahía de Boquerón y se cree que sale por la bahía de Guánica y Guayanilla. Ahora, se considera que puede llegar hasta Salinas.

La repercusión es que ocurre un terremoto en un lugar que es mucho más delimitado. La energía se concentra en una zona mucho más pequeña. En esa zona va a hacer un daño bien grande, pero no va a cubrir un gran área de terreno”, explicó Martínez Cruzado sobre las consecuencias de que se genere un terremoto de poca profundidad en esa zona. No obstante, un evento sísmico en esa falla de Cabo Rojo podría causar graves daños a estructuras altas en la zona metropolitana.

Según el perito, para estar listos para un terremoto de alta intensidad se necesita, en primer lugar, localizar las fallas que tenemos dentro de la isla. “Si no estamos considerando esas fallas, realmente adelantamos muy poco revisando nuestros códigos de construcción”, apuntó.

Con la conmemoración del centenario en mente y la posibilidad real de que la historia se repita, Martínez Cruzado destacó la necesidad de disponer los hospitales para emergencias inmediatas, resolver la situación de columnas cortas que debilitan estructuras en las escuelas, fortalecer las represas -la mayoría construida a principios del siglo pasado- y considerar las casas sobre zancos, principalmente en zonas montañosas.

“Debemos estar cerca de que ocurra uno, pero no es cuestión de preocuparse, es cuestión de ocuparse y prepararse para el día que venga”, instó.