“Hablar de mi secuestro me ayuda a superar lo que pasó”

viernes, 14 de septiembre de 2018 - 10:05 AM
Por Deutsche Welle

Cleotilde Delgado fue privada de su libertad por las FARC durante tres años. Su familia la daba por muerta y sus hijas creyeron que las había abandonado

"En aquella época sólo pensaba en morirme. No veía sentido a mi vida y nadie a mi alrededor sabía lo que me hicieron en ese campamento”, cuenta Cleotilde. Con 17 años de edad fue secuestrada por el décimo frente de las FARC en el departamento colombiano de Arauca. Durante tres años fue violada y torturada de manera sistemática. "Me negué rotundamente a ponerme el camuflado (uniforme) y a hacer muchas cosas que me pedían, por eso me castigaban”.

"No me dejaban ir, pero tampoco me mataban”

Cleotilde, que ahora tiene 40 años de edad, asegura que su inusual belleza y juventud hicieron que el comandante del grupo guerrillero se "obsesionara” y abusara sexualmente de ella una y otra vez, a pesar de que el reglamento de la exguerrilla lo prohibía. "Por eso no me dejaban ir pero tampoco me mataban”. Hasta que dejó de comer y adelgazó tanto que llegó a pesar poco más de 30 kilos (66 libras).

Durante una visita rutinaria el médico que atendía a los guerrilleros dijo que Cleotilde "ya no servía para nada” y que el grupo armado debía cuidar la imagen de las filas. Fue entonces que decidieron deshacerse de ella. "Me salvé por un milagro de Dios”, dice Cleotilde. La persona encargada de ejecutarla resultó ser su primo y al verla le ordenó que escapara para siempre de Arauca. Algo que él después pagó con su propia vida.

La daban por muerta

De regreso en casa, en el departamento del Cesar, se dio cuenta que gran parte de su familia la daba por muerta. Sus hijas, sin embargo, influenciadas por el papá, creyeron que las había abandonado. "Él les dijo durante mucho tiempo que yo me había ido por decisión propia y mis hijas me odiaban por eso”, relata Cleotilde, mientras se le llenan los ojos de lágrimas. "Y lo peor es que no podía decirle la verdad a nadie porque muchos en el pueblo conocían a los paramilitares de la zona”.

No fue sino hasta que conoció a Elsy Serna, una activista en pro de los derechos de las mujeres víctimas de la violencia sexual en el conflicto armado, que contó por primera vez su historia. Ni siquiera su nueva pareja, con quien ya llevaba algunos años viviendo, sabía de su pasado. Cleotilde había acudido a un evento para víctimas por el caso de su padre, quien también sufrió ataques de la guerrilla. "Pero yo pude ver el dolor en sus ojos y supe que era una mujer abusada sexualmente, porque yo lo fui también”, asegura Serna.

Finalmente se atreve a denunciar

Gracias al apoyo psicológico y emocional de Serna, Cleotilde decide llevar su caso a la luz pública. "La fiscalía quería voltear las cosas y hacerla quedar como guerrillera”, dice Serna, pero la experiencia de la activista lo impidió. Poco después el comandante que tanto la había torturado, fue detenido.

Gregorio Ríos, alias "Marrano mono” o "Asdrúbal”, fue capturado en 2010. En su contra cursan investigaciones por delitos de rebelión, terrorismo y desplazamiento forzado. Según una publicación del medio colombiano El Espectador, Ríos reclutaba menores de edad y utilizaba especialmente a las mujeres para obtener información de la Fuerza Pública. Algo que pretendió hacer también con Cleotilde, quien asegura nunca haber cooperado con él.

Hablar ayuda

A pesar de la detención de su martirizador, en Cleotilde quedan marcadas las huellas que dejaron esos tres años en cautiverio. Hoy en día cuida de su hija de 12 años y estudia pedagogía infantil y letras castellanas. También diseña su propia ropa. "Haber roto el silencio me cambió la vida”, dice. Contar su historia ya no la entristece, sino que la ayuda a "guardarla en un cajón de recuerdos”. No la olvida, pero no está dispuesta a que siga destruyéndola. Al contrario, "quiero usar mi testimonio para empoderar a otras mujeres, tal como lo hizo Elsy Serna conmigo”.